HDD: Son los de toda la vida, económicos y con mucho espacio. Son perfectos si quieres almacenar archivos grandes, fotos, videos o juegos. Funcionan mediante discos magnéticos giratorios que leen y escriben información. Aunque son más lentos que los SSD, siguen siendo una buena opción, económica, para quienes no están buscando una velocidad extremadamente rápida.
SSD: Este tipo de disco duro no contiene partes móviles, en lugar de los discos giratorios, utilizan memoria flash para almacenar los datos. Esto es lo que los hace ás resistentes a golpes y caídas, además de consumir menos energía, lo que es especialmente beneficioso para los dispositivos portátiles.
Discos duros internos: Van dentro del PC o portátil. Son claramente esenciales para el funcionamiento del equipo, ya que es donde están guardados el sistema operativo, los programas y los archivos de usuario. La principal ventaja de los internos es que su integración directa con el hardware del ordenador, los hace más eficientes y estables.
Discos duros externos: Estos dispositivos portátiles se conectan al ordenador a través de puertos USB, thunderbolt o incluso Wifi. ¿Por qué los necesitas? Son ideales para hacer copias de seguridad, transferir archivos entre diferentes equipos, mover la información contigo o para ampliar almacenamiento sin necesidad de abrir el ordenador.
Discos duros M2: Son un formato de SSD que no utiliza cables de conexión tradicionales. Se conectan directamente a la placa base del ordenador. Hay dos tipos principales: SATA M.2 (más lento y similar a los SSD tradicionales) y NVMe M.2 (más rápido, usando la interfaz PCIe). Este tipo de disco duro es perfecto para los que necesitan un almacenamiento súper rápido y muy compacto, como por ejemplo para portátiles ultradelgados o estaciones de trabajo del más alto rendimiento.